Volver a pintar: El arte como refugio y forma de vida

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Dejar una carrera estable para dedicarse al arte no es una decisión fácil. Menos aún cuando no hay estudios formales que respalden el camino. Sin embargo, para esta artista, periodista de profesión, fue precisamente esa incertidumbre la que abrió la puerta a una vida más auténtica.

Desde pequeña, el dibujo y la pintura estuvieron presentes. “En el colegio llenaba los cuadernos con dibujos, no tomaba apuntes”, recuerda entre risas. Aunque su camino la llevó a estudiar periodismo y luego un magíster en marketing, nunca logró sentirse completamente realizada.

El punto de quiebre llegó en 2019, en medio de una crisis personal y laboral. Fue entonces cuando, casi como un acto de supervivencia, volvió a pintar. “Siento que la pintura me salvó la vida”, confiesa. Lo que comenzó como una forma de canalizar emociones, pronto se transformó en una posibilidad real: renunció a su trabajo, abrió una cuenta de Instagram y decidió intentarlo.

El miedo estaba presente. La inseguridad, también. Ser autodidacta y exponerse públicamente no era fácil. Pero el apoyo de su familia, especialmente de su padre, fue clave. “Me dijo: haz lo que te haga feliz”, cuenta.

Su proceso creativo no responde a reglas ni estructuras. Por el contrario, nace desde la intuición. “Pinto lo que siento en el momento, sin pensarlo demasiado. Es mi espacio para soltar todo”, explica. Esa libertad se refleja en su obra: colores intensos, contrastes, formas abstractas y una constante exploración.

En ese camino, también hay una conexión emocional profunda con su historia familiar. Su madre, quien pintaba de manera aficionada, dejó en ella una huella significativa. “Es como su herencia”, dice.

Hoy, vive del arte. No es un camino estable ni exento de dificultades, pero no lo cambiaría. “Prefiero la incertidumbre económica a no hacer lo que amo”, afirma.

Gran parte de su trabajo se mueve a través de redes sociales, donde ha logrado conectar con personas que no solo compran sus obras, sino que vuelven a hacerlo. Para ella, ese es el mayor reconocimiento: “Que alguien se emocione con un cuadro mío, que lo vea todos los días en su casa… eso me llena el corazón”.

Más allá de las proyecciones, su anhelo es simple: seguir pintando. Porque en cada trazo, más que una obra, hay una forma de habitar el mundo.

“El arte es eso, dice, provocar algo en otro. Y si logro eso, ya todo vale la pena”.

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