En medio del complejo proceso de reconstrucción que enfrentan distintas comunas del Biobío tras los incendios forestales, el Colegio de Ingenieros de Chile Zonal Biobío ha asumido un rol clave, muchas veces poco visible, enfocado en la gestión técnica, la articulación interinstitucional y la prevención de futuros riesgos.
Desde los primeros días posteriores a la emergencia, el Colegio comenzó a recibir solicitudes de apoyo técnico, especialmente para evaluar terrenos afectados por incendios, muchos de ellos con erosión, daño estructural y condiciones de alto riesgo. Frente a este escenario, la institución optó por priorizar una mirada responsable: no solo reconstruir, sino reconstruir bien.
Coordinación con el Gobierno Regional y municipios
Uno de los ejes centrales del trabajo ha sido la participación en instancias convocadas por el Gobierno Regional del Biobío (GORE), donde se citó a las municipalidades afectadas para exponer su diagnóstico territorial. En estas reuniones, comunas como Tomé presentaron avances significativos en el levantamiento de información, incluyendo fichas FIBE y propuestas preliminares de reconstrucción.

Sin embargo, desde el Colegio de Ingenieros se ha puesto sobre la mesa un punto crítico: la urgencia no puede pasar por alto la prevención. Casos como la reconstrucción de escuelas en los mismos emplazamientos previamente siniestrados, o el uso de estructuras de hormigón expuestas a altas temperaturas, y por tanto con resistencia incierta, representan riesgos que podrían derivar en nuevas emergencias ante sismos o futuros incendios.
Trabajo intergremial y apoyo técnico especializado
El proceso ha requerido una coordinación amplia. En este contexto, el Colegio ha trabajado de manera colaborativa con el Colegio de Arquitectos de Chile, que ha asumido un rol activo en la organización de reuniones y actividades técnicas, así como con el Colegio de Abogados de Chile, particularmente en materias de recuperación de documentos legales y escrituras destruidas por el fuego.
A esto se suma el trabajo con la Fundación Ingenieros Sin Fronteras, cuyos equipos voluntarios han intervenido directamente en sectores como San Jorge, entregando apoyo técnico en terreno. Si bien su capacidad operativa es limitada, su experiencia ha sido fundamental para orientar procesos y levantar información crítica.
Universidades, voluntariado y desafíos pendientes
Desde el ámbito académico, se han establecido vínculos con facultades de ingeniería, destacando el compromiso de la Universidad San Sebastián, que ha manifestado su disposición a colaborar con equipos de docentes y estudiantes una vez retomadas las actividades académicas. Asimismo, se espera fortalecer el trabajo con la Universidad de Concepción y la Universidad del Bío-Bío, entendiendo que la reconstrucción requiere una base técnica sólida y sostenida en el tiempo.
Uno de los principales desafíos identificados ha sido la baja respuesta inicial de profesionales colegiados, atribuida en parte al período estival. No obstante, el Colegio proyecta retomar con mayor fuerza la convocatoria a ingenieros civiles y especialistas, especialmente a partir del regreso de las universidades a su funcionamiento regular.
Una reconstrucción multidimensional
Desde el Colegio de Ingenieros Zonal Biobío se enfatiza que la reconstrucción no puede limitarse a lo estructural. Se trata de un proceso multidimensional, que debe integrar apoyo psicológico, social y comunitario, considerando el profundo impacto emocional que han vivido las familias afectadas.
A diferencia de otras catástrofes, como terremotos o tsunamis, los incendios implicaron evacuaciones caóticas, pérdida total de viviendas y una sensación de desorientación que aún persiste. En ese contexto, la planificación, la prevención y la información clara se vuelven tan importantes como la rapidez de las soluciones.
El trabajo del Colegio continúa. Silencioso, técnico y muchas veces fuera de los titulares, pero con una convicción clara: reconstruir sin criterio es volver a poner en riesgo a las comunidades.






