Hablar de sexo es hablar de salud

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Pero no del sexo reducido únicamente al acto, al rendimiento o a la genitalidad. Nos urge hablar de sexualidad en un sentido amplio, como lo que realmente es: una dimensión central de la salud integral de las personas. La salud sexual no es un lujo, ni un tema secundario que se aborda sólo cuando “todo lo demás está resuelto”. Es parte fundamental de nuestro bienestar físico, mental, emocional y relacional.

Basta observar nuestro lenguaje cotidiano para entenderlo. ¿Cuántas veces hemos escuchado, o dicho, frases como “anda de malas pulgas, seguro no le tocó anoche” para referirnos al mal ánimo de alguien? O, por el contrario, cuando vemos a una persona especialmente sonriente, asumimos que “le tocó bueno”. De manera consciente o inconsciente, seguimos asociando nuestra vida sexual con el estado de ánimo, el bienestar y la vitalidad. Sexo igual energía, conexión, disfrute; ausencia de sexo, igual irritabilidad o desgano. Si esta relación está tan presente en nuestro imaginario colectivo, ¿por qué seguimos restándole importancia?

Cuidamos la salud bucal lavándonos los dientes a diario, ponemos atención a la alimentación, al corazón, al descanso. Pero ¿qué hacemos por nuestra salud sexual? Y no, no se trata solo del uso de métodos anticonceptivos o de los exámenes de control, que por supuesto son fundamentales. La salud sexual también tiene que ver con el placer, con el vínculo con el propio cuerpo, con el deseo, con la comunicación y con la capacidad de disfrutar sin culpa ni miedo.

Hablar de sexualidad es hablar de nuestra esencia. Es reconocer que no somos solo cuerpos que funcionan, sino personas que sienten. Sin embargo, crecimos en una cultura que durante años nos enseñó a callar estos temas, a asociarlos con vergüenza, culpa o silencio. Aprendimos a cumplir, a responder a expectativas, pero no necesariamente a escuchar lo que sentimos o necesitamos.

Cuando no se habla de sexualidad, como suele decirse, se llena de telarañas. Se normaliza el dolor, se ignoran las señales del cuerpo, se pierde el deseo y aparece la desconexión. Muchas personas terminan pensando que “es lo normal”, que “así es la vida” o que “algo anda mal en ellas”, cuando en realidad lo que falta es información, acompañamiento y espacios seguros para comprender lo que ocurre.

La evidencia es clara: una buena salud sexual se asocia a menores niveles de estrés, mejor regulación emocional, mejor descanso, mayor conexión corporal y vínculos más conscientes. No se trata de rendimiento ni de frecuencia, sino de bienestar y calidad de vida.

Hablar de sexo no promueve el libertinaje, como aún se cree. Promueve educación, conciencia y responsabilidad, permitiendo tomar decisiones informadas, libres y sin miedo. Nos urge hablar de sexualidad para entender que también se cuida, se trabaja y se acompaña, y que el placer, lejos de ser un tabú, es parte legítima de una vida saludable.

Porque hablar de sexo, en el fondo, es hablar de bienestar, de derechos y de una relación más honesta con nuestro cuerpo y con quienes nos rodean.

Feliz te acompaño, Natasha Suanes Araneda. Kinesiologa Pélvica, Sexóloga Clínica

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