En contextos de emergencia —como los incendios forestales que han afectado recientemente a las regiones del Biobío y Ñuble— no solo se alteran los paisajes y las rutinas. También se altera el cuerpo. Y con él, nuestras emociones, vínculos y formas de habitar la intimidad.

El miedo, la angustia, la incertidumbre, el cansancio extremo y la tristeza no se quedan solo en la mente. Se inscriben en el cuerpo. Por eso, este texto no busca exigir deseo ni empujar un regreso forzado a la “normalidad”, sino acompañar, poner palabras y validar lo que muchas personas están sintiendo hoy.
Desde la fisiología, cuando atravesamos una crisis, el cuerpo entra en modo supervivencia. El sistema nervioso simpático se mantiene activado: cortisol elevado, adrenalina circulando, respiración superficial, músculos tensos. En ese estado, el cuerpo no prioriza el placer, sino la protección. Sobrevivir antes que gozar.
Por eso, no es extraño que durante estos periodos aparezcan cambios en la sexualidad: disminución o ausencia del deseo, dificultad para excitarse o lubricar, problemas de erección o eyaculación, dolor en las relaciones sexuales o una sensación de desconexión corporal y emocional. Lejos de ser una falla, estas respuestas son adaptativas. El cuerpo está haciendo lo que sabe hacer para cuidarnos.
En medio de todo esto, también puede surgir la llamada “culpa sexual”. Preguntas que rondan en silencio:
¿Por qué no tengo ganas si mi pareja está bien?
¿Cómo voy a pensar en sexo con todo lo que está pasando?
¿Está mal querer placer cuando hay tanto dolor?
La respuesta, tanto clínica como humana, es clara: no está mal. En contextos de crisis, la ausencia de deseo y la búsqueda de intimidad pueden coexistir. No hay una forma correcta de sentir ni una única manera de transitar estos momentos.
También es importante recordar algo fundamental: la sexualidad no se reduce al coito. En tiempos de emergencia, muchas veces necesita redefinirse. A veces no pasa por tener relaciones sexuales, sino por dormir abrazados, sentir una mano en la espalda, compartir un silencio, respirar juntos, llorar sin explicaciones. La intimidad también es una forma de regulación del sistema nervioso, y en contextos como este, puede ser exactamente lo que el cuerpo necesita.
Algunas claves que pueden ayudar en este proceso:
- Bajar expectativas sexuales rígidas
- Hablar desde la honestidad, sin presión ni reproches
- Priorizar descanso, alimentación y sensación de seguridad
- Validar que el cuerpo necesita tiempo
- Permitirse el “nanai” tantas veces como sea necesario
- Buscar apoyo profesional si el malestar persiste
La sexualidad sana no se exige, se cuida. Se construye desde la escucha y el respeto por los propios tiempos.

En escenarios de crisis socioambiental, la pregunta no debería ser “¿por qué no tengo deseo?”, sino “¿qué necesita hoy mi cuerpo para sentirse a salvo?”. Hablar de sexualidad en estos contextos no es superficial. Es profundamente humano. Porque incluso en medio de la emergencia, el cuerpo sigue pidiendo ser escuchado con amor.
Estoy contigo,
Natasha Suanes Araneda
Kinesióloga Pélvica · Sexóloga Clínica



