Cada 4 de febrero, el mundo vuelve a poner el foco en el cáncer. Sin embargo, para millones de personas esta enfermedad no es una fecha conmemorativa, sino una experiencia que irrumpe en la vida cotidiana, altera proyectos, redefine vínculos y obliga a tomar decisiones complejas. En ese contexto, el Día Mundial contra el Cáncer invita a ir más allá de las estadísticas y a reflexionar sobre cómo, como sociedad, estamos respondiendo a uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo.
“Las cifras ayudan a dimensionar el problema, pero no sienten miedo, no esperan resultados, no reorganizan su vida para acompañar un tratamiento. Las personas sí”, señala Miguel Ángel Jiménez Ceballos, MSc., City Manager de City Cancer Challenge (C/Can). “Cuando hablamos solo en números, deshumanizamos una experiencia profundamente física, emocional y social”.
Impulsada por la Unión Internacional para el Control del Cáncer (UICC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la campaña de este año se articula bajo el lema “Unidos por lo Único”, un llamado a reconocer que cada experiencia con el cáncer es distinta, pero que la responsabilidad de garantizar una atención digna, oportuna y humana es colectiva.
En Chile, esta mirada cobra especial relevancia considerando la Ley Nacional del Cáncer y el Plan Nacional del Cáncer 2022–2027, que establecen la obligación del Estado de avanzar en prevención, diagnóstico oportuno, tratamiento integral, rehabilitación y cuidados paliativos con enfoque de equidad y trato digno.
“No estamos hablando solo de buena voluntad”, enfatiza Jiménez. “Existe un mandato sanitario y ético: que el sistema responda de manera justa y oportuna, sin que las personas dependan de la suerte”.
El cáncer como experiencia colectiva
El impacto del cáncer trasciende a quien recibe el diagnóstico. Reorganiza la vida familiar, tensiona economías, modifica roles y deja un miedo persistente en quienes acompañan el proceso.
“Es una enfermedad que se vive en red”, explica Jiménez Ceballos. “Afecta a quien cuida, a quien acompaña y a quien sostiene emocional y económicamente el hogar. Por eso, fortalecer la atención oncológica comienza escuchando”.
Desde City Cancer Challenge subrayan que poner a las personas en el centro no es un eslogan comunicacional, sino una forma distinta de diseñar los sistemas de salud. Escuchar a pacientes, sobrevivientes, cuidadores y equipos clínicos permite identificar brechas reales y construir respuestas más ajustadas a las necesidades locales.
Información que salva tiempo… y vidas
Uno de los factores clave en la prevención y detección temprana es la información clara y oportuna. Muchas veces, la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío no está en la tecnología disponible, sino en la comunicación.
“Cuando la información sobre síntomas de alerta o rutas de atención no llega a tiempo, las oportunidades se pierden”, advierte Jiménez. “Después, eso se traduce en diagnósticos más avanzados y tratamientos más complejos”.
Hablar abiertamente de factores de riesgo, explicar dónde y cuándo consultar, y derribar el miedo asociado al cáncer no es solo educación sanitaria: es una herramienta concreta de prevención. El silencio y la desinformación también son barreras de acceso.

Desigualdades que no son casuales
Las principales dificultades para garantizar un acceso digno y oportuno siguen siendo estructurales: desigualdades territoriales, brechas socioeconómicas, falta de especialistas y sistemas fragmentados.
“Cuando alguien llega tarde a un diagnóstico, no estamos frente a un fallo individual, sino ante una falla del sistema”, afirma el City Manager de C/Can. “Son brechas que se repiten porque responden a cómo se organizan, financian y priorizan los servicios de salud”.
Acompañar a una persona con cáncer implica ir más allá del procedimiento médico. Salud mental, apoyo nutricional, orientación social y redes comunitarias son parte fundamental del proceso.
“Nadie vive el cáncer solo en un hospital. Lo vive en su cabeza, en su mesa y en su economía”, agrega Jiménez.
Cambiar la narrativa también es parte de la respuesta
Pese a los avances, persisten mitos que siguen causando daño: que el cáncer es siempre una sentencia de muerte, que hablar del tema “lo atrae” o que la responsabilidad recae únicamente en la persona enferma.
“El estigma aísla, retrasa consultas y debilita redes de apoyo”, señala Jiménez Ceballos. “Hoy muchas personas sobreviven o viven con cáncer durante años. La conversación pública debe moverse del miedo hacia la información, la empatía y la acción colectiva”.
En este Día Mundial contra el Cáncer, el mensaje es claro. Para quienes atraviesan la enfermedad: no están solos y su dignidad debe estar en el centro de cada decisión clínica y de cada política pública. Para la sociedad, el desafío es entender que, aunque no siempre se pueda evitar el cáncer, sí se puede evitar que alguien lo enfrente tarde o sin apoyo.
“Hablar de cáncer no es solo hablar de enfermedad. Es hablar de cómo decidimos cuidarnos como sociedad”, concluye Miguel Ángel Jiménez Ceballos.


