Aldo Ballerini A., Ph.D.
Director, Colegio de Ingenieros de Chile, Zonal Biobío
Profesor Titular, Universidad del Bío-Bío
Un puente puede cumplir todas las normas de construcción y, aun así, no ser la mejor solución para una ciudad. Una industria puede funcionar dentro de los límites legales y generar molestias importantes a quienes viven cerca. Cumplir las normas y hacer bien un trabajo no garantiza, por sí solo, que hayamos tomado la mejor decisión.
Quienes ejercemos la ingeniería enfrentamos estas situaciones con frecuencia. Elegimos materiales, definimos condiciones de seguridad y esas decisiones técnicas terminan afectando la vida de las personas.
Durante años ingenieros e ingenieras nos hemos preguntado ¿se puede hacer? y ¿cuánto cuesta? Ambas interrogantes son necesarias, pero a veces falta -o llega demasiado tarde- una más: ¿qué consecuencias tendrá? Esa tercera pregunta es la que deberíamos hacernos siempre, antes de tomar una decisión.
En el Biobío tenemos ejemplos cercanos. La industria, los puertos y la actividad forestal han impulsado nuestro desarrollo, pero en el año 2012, en Coronel, cuando se puso en marcha la ampliación de una central termoeléctrica, las protestas vecinales se intensificaron y sus dos unidades terminaron cerradas en 2020 y 2022. Esa tercera pregunta convenía hacerla antes y no después de años de conflicto.
No hay que elegir entre crecimiento y protección ambiental: la ingeniería no solo define con qué tecnología se trabaja, sino qué proyectos se ejecutan y qué impacto tendrán. De igual forma, las normas son indispensables para proteger a las personas, pero no lo prevén todo. A veces hay que advertir un riesgo que la norma no exige o reconocer que falta información.
Hace algunos años, una empresa solicitó en nuestro laboratorio unos ensayos de materiales. Los resultados mostraron que no cumplían la norma. Poco después recibí un llamado. Me pedían cambiar el informe por uno que aprobara, porque de lo contrario la pérdida económica para ellos sería grande. No lo hice. Un informe no puede decir otra cosa que lo que midieron los ensayos. Nunca más me volvieron a contratar y hasta ahora no sé qué ocurrió con ese material. Probablemente nadie más supo de ese llamado.
Hoy ese informe podría salir de un software. Las herramientas de inteligencia artificial ya ayudan a diseñar productos y controlar procesos. Y también se equivocan. El llamado habría sido el mismo; la firma, sin embargo, seguiría siendo de una persona. Por eso los futuros ingenieros e ingenieras necesitarán, junto a buenas herramientas, criterio para evaluar las consecuencias de sus decisiones y disposición a asumirlas. Esa formación es tarea de las universidades y de las organizaciones profesionales.
El Biobío tiene universidades, empresas y profesionales con mucha experiencia. El Colegio puede ayudar a que conversen con el sector público y las comunidades, aportando un criterio técnico sin intereses de por medio. No se trata de tener respuestas para todo, sino de estar donde se toman las decisiones que afectan a la región.



