Cada año nuestro país recuerda el Día de los Veteranos un 13 de enero. En aquella fecha, empero del año 1881 se desarrolló la Batalla de Chorrillos y producto del valor mostrado por las fuerzas chilenas, es que años más tarde, en 1926 se instauró la efeméride citada. Jornada con el fin de recordar a todos los hombres y mujeres que han defendido nuestra patria en el marco de la Guerra del Pacífico. Muchos de los cuales, por cierto, cayeron en batalla y quienes sobrevivieron no tuvieron un buen pasar en sus últimos años.
Grandes y pequeñas ciudades en Chile recuerdan con diversas ceremonias, principalmente en los cementerios, a aquellos que entregaron sus vidas por el país que en el presente vivimos. Ellos defendieron nuestra bandera chilena, el mismo emblema que nunca fue arriado aquel 21 de mayo de 1879, en el Combate Naval de Iquique; “Esa bandera flameará en su lugar” expresaba Arturo Prat Chacón como arenga a la tripulación de la corbeta Esmeralda. Así también la misma protagonista del Combate de la Concepción de los días 9 y 10 de julio de 1882, la cual flameaba mientras los chilenos del Chacabuco resistían en la sierra peruana y quienes pasaron a la inmortalidad.
El valor que nosotros, como habitantes de nuestra patria, le damos a honrar y mostrar gratitud hacia quienes, en la Guerra del Pacífico, han servido y sacrificado sus vidas por nosotros. Nuestros veteranos físicamente ya no están con nosotros, no obstante, siguen desde el más allá construyendo nuestra nación más fuerte y perfecta.
Esta fecha no sólo representa la conmemoración del Día de los Veteranos, sino que también su inquebrantable amor por los ideales fundacionales de Chile. Lo anterior se expresó al momento en que enlistaron en los cuarteles, soldados provenientes de todos los estratos sociales y muchos de los cuales no regresaron a sus hogares. Pagaron con su vida el sacrificio por nuestro país.
Nuestros veteranos representaron y representan lo mejor de nuestra alma nacional. Este 13 de enero nos recuerda que el mejor homenaje que podemos realizar a ellos, es un por lado desde luego recordarlos y honrar su memoria. Pero también debemos, como una forma de homenaje, en efectuar un esfuerzo en ser mejores personas, como comunidad y nación. Mientras los recordemos siempre, sus sacrificios y servicios no fueron en vano. Citando al investigador de la Guerra del Pacífico, señor Mauricio Pelayo: “un hombre sólo muere cuando se le olvida”.
Por Francisco Darmendrail
Director Honorario Instituto José Miguel Carrera.



