En Sentimientos, la artista chilena Daniela González, conocida por su proyecto musical Dulce y Agraz, transforma la migración, el amor y la vulnerabilidad en canciones que reivindican la sensibilidad y la pausa en una industria marcada por la velocidad y el consumo constante.
Desde México, donde ha comenzado a reconstruir su vida, presenta un trabajo íntimo que invita a reencontrarse con las propias emociones.
Por: Omahyra Verdugo Guerrero
Hay canciones que no necesitan explicar lo que sentimos, sino ofrecernos un lugar donde reconocerlo. Ese es el espacio que Daniela González busca construir con Sentimientos, su más reciente EP: un trabajo que nace de un periodo de cambios personales, de la experiencia de migrar a México y de la necesidad de reencontrarse consigo misma a través de la música.
En una conversación con La Vida Moderna sobre su trayectoria , sus procesos creativos y las emociones que atraviesan este lanzamiento, la artista reflexiona sobre el valor de la intuición, la construcción de un hogar y la posibilidad de mostrarse vulnerable sin sentir vergüenza. Porque, en tiempos donde todo parece avanzar demasiado rápido, detenerse a sentir también puede ser una forma de resistencia.
Habitar la propia identidad gracias a las melodías
La relación de Daniela González con la música comenzó durante su infancia, en un entorno familiar marcado por el vínculo de su madre con el folclore. Sin embargo, su identidad artística no ha sido una construcción definitiva, sino un proceso que continúa transformándose.
A los 17 años decidió desarrollar su proyecto solista, Dulce y Agraz, buscando un espacio propio para explorar su identidad y tomar decisiones creativas sin las limitaciones que podía experimentar dentro de una banda. Para ella, la composición necesita momentos de soledad, especialmente cuando se trata de descubrir una voz propia.
“Para desarrollar una identidad y para descubrirse es necesario hacer ese ejercicio a solas”, explica.
Hoy, después de años de trayectoria, esa búsqueda adquiere un nuevo significado. Su llegada a México le ha permitido mirar su historia desde otra perspectiva, cuestionar decisiones anteriores y volver a elegir el camino que quiere recorrer.
En ese proceso, Dulce y Agraz se ha convertido en un espacio fundamental, tanto para su desarrollo profesional como personal. Su aspiración es que quienes escuchen sus canciones encuentren en ellas un lugar seguro, amable y capaz de facilitar la reconexión con sus propias experiencias.

La sencillez es una decisión creativa (y necesaria)
En Sentimientos, Daniela González también se permite explorar una sonoridad diferente. Después de experimentar con cruces entre el folclore latinoamericano, la electrónica y el pop en trabajos anteriores, esta vez sintió la necesidad de construir canciones más sencillas, donde la producción acompaña las composiciones sin quitarles protagonismo.
El proceso junto a Seba Aracena estuvo marcado por esa búsqueda: dejar espacio para que las canciones respiraran, evitando que los arreglos terminen por cubrir aquello que necesitaban transmitir.
Esta decisión no implica abandonar la experimentación, sino comprender que, en ocasiones, la fuerza de una obra está precisamente en aquello que decide no añadir. En lugar de complejizar cada composición, el EP apuesta por una intimidad que permite escuchar con mayor claridad las emociones que le dieron origen.
Esa apertura también se refleja en la manera en que las canciones pueden adquirir nuevos significados para quienes las escuchan. Una misma melodía puede convertirse en el recuerdo de una relación, en la sensación de una despedida o en el deseo de permanecer junto a alguien que parece alejarse.
Para Daniela, esa libertad interpretativa forma parte de la esencia de la música: las canciones dejan de pertenecer exclusivamente a quien las escribe cuando encuentran un lugar en la vida de otras personas.
Aprender a habitar las emociones
Uno de los aspectos más íntimos del EP es la posibilidad de reconocer sentimientos contradictorios sin la obligación de ordenarlos o encontrarles una explicación inmediata. En ese sentido, la composición se convirtió en un ejercicio profundamente intuitivo, en el que la artista pudo dejar de lado las expectativas sobre cómo debía expresar aquello que estaba viviendo.
“En la música y en el arte uno no tiene que dar explicaciones a nadie”, reflexiona.
Durante años, Daniela ha encontrado en la poesía y las metáforas una manera de construir sus letras. Sin embargo, en Sentimientos se permitió escribir de una forma más directa, cercana a las palabras de un diario personal. La intención no era encontrar siempre la frase más bella o elaborar una imagen compleja, sino expresar lo que realmente sentía.
Ese cambio estuvo acompañado por una transformación personal: aprender a mostrarse vulnerable frente a otras personas.
La artista reconoce que durante mucho tiempo le produjo pudor llorar en público o sentir que perdía el control de sus emociones. Con los años, comenzó a permitirse llorar sobre el escenario, junto a sus amistades y en situaciones donde antes habría intentado contenerse.
Para ella, esta experiencia también cuestiona una idea profundamente arraigada: que la emoción es una señal de debilidad y que mantenerla bajo control representa una forma superior de fortaleza.
La creación de este EP le permitió reconciliarse con esa sensibilidad y reconocer el valor de escuchar lo que siente, incluso cuando no existe una respuesta clara. Así, las canciones se convierten en un registro honesto de un proceso personal que no busca aparentar certezas, sino aceptar las emociones tal como aparecen.

El amor más allá de la intensidad
Entre las canciones del proyecto, Pies Calentitos ocupa un lugar especial. Escrita hace aproximadamente diez años, la composición volvió a encontrar sentido en una etapa distinta de la vida de la artista.
La distancia entre la persona que escribió aquella canción y quien la interpreta hoy le permite reconocer cuánto han cambiado sus expectativas sobre el amor. Lo que alguna vez pudo imaginar desde la intensidad, ahora también lo comprende desde la estabilidad, el cuidado y la tranquilidad.
La reflexión dialoga con la etapa que atraviesa actualmente: la decisión de vivir en México, construir un hogar y encontrar mayor solidez en su vida cotidiana. No se trata de renunciar a la intensidad de los sentimientos, sino de descubrir que el amor también se manifiesta en los gestos pequeños, en la presencia y en la confianza que se construye con el tiempo.
Hay canciones que esperan durante años para ser comprendidas de otra manera. Quizás Pies Calentitos sea una de ellas: una composición que permaneció guardada hasta que la vida de su autora alcanzó un lugar desde el cual pudo habitarla plenamente.
Una pausa frente al bullicio
En una industria musical atravesada por las tendencias, los contenidos fugaces y la necesidad de captar la atención en pocos segundos, Sentimientos propone otra forma de escuchar.
Para Daniela González, defender una música que permita detenerse y mirar hacia el interior tiene una dimensión política. En medio del bombardeo constante de información, busca hacer espacio en su mente y en su corazón, una intención que también atraviesa la identidad del EP.
La artista reconoce que le gustaría encontrar más música cercana a esa sensibilidad: canciones amigables con los sentidos, letras que se relacionen con la vulnerabilidad y obras que no necesiten imponerse mediante la inmediatez para dejar una huella.
Su propuesta no pretende ofrecer respuestas definitivas frente a la velocidad del mundo. Más bien, abre un espacio para permanecer un poco más en aquello que sentimos, aceptar nuestras contradicciones y comprender que no todas las experiencias necesitan resolverse de inmediato.
En ese contexto, el título del EP adquiere una importancia particular. Daniela cuenta que buscaba una palabra más poética o abstracta para representar lo que significaba este trabajo, hasta encontrarse con una expresión cotidiana, sencilla y, al mismo tiempo, profundamente humana: Sentimientos.
Una palabra capaz de reunir emociones y experiencias que conviven al mismo tiempo, incluso cuando parecen contradecirse.
Sentir también es una forma de encontrarse
Al finalizar la conversación, Daniela González resume la identidad de su EP sin intentar reemplazar su nombre por otra definición. Sentimientos es, precisamente, esa convivencia de emociones que atraviesa la experiencia humana y que muchas veces resulta difícil explicar con palabras.
Quizás allí radique la mayor belleza de este trabajo: en comprender que no siempre necesitamos tener claridad sobre lo que nos sucede para permitirnos vivirlo. A veces basta con una canción que acompañe, una melodía que nos recuerde a alguien o una letra en la que podamos reconocernos cuando todavía no encontramos la manera de expresar lo que llevamos dentro.
La entrevista también deja una coincidencia que trasciende la música. Años atrás, durante el Festival REC en Concepción, la periodista que conversó con Daniela tuvo la oportunidad de encontrarse con ella y guardar una fotografía como recuerdo de aquel momento.
Tiempo después, la vida volvió a reunirlas, esta vez desde otro lugar: ya no solamente como una admiradora frente a una artista, sino como periodista y artista compartiendo una conversación sobre el arte, la sensibilidad y las experiencias que nos transforman.
Al recordar aquel encuentro, surge el deseo de volver a tomarse una fotografía juntas, actualizando una imagen que quedó suspendida en el tiempo.
Tal vez esa pequeña historia sea también una manera de entender Sentimientos: hay momentos que guardamos sin saber qué lugar ocupan en nuestra historia, canciones que esperan años para revelar su significado y encuentros que regresan cuando menos lo esperamos.
Porque, al final, tanto en la música como en la vida, no siempre se trata de llegar más rápido o de tener todas las respuestas. A veces, lo verdaderamente importante es detenerse, mirar hacia atrás y descubrir cuánto hemos cambiado.
Y, en ese instante, permitirnos sentirlo todo.



