Para nadie es desconocido que los niveles de comprensión lectora han bajado a nivel mundial en los últimos años. El estancamiento en las habilidades de lectura, escritura y cálculo matemático no solo ha afectado a niños y adolescentes, sino que también se han visto disminuidas en los adultos. Esto se atribuye a diversos factores, como la falta de acceso a recursos de calidad, la competencia con estímulos digitales más atractivos y facilitadores de información al instante, y otros como la pandemia o situaciones político-sociales, que han afectado la calidad de vida de ciertos sectores. Si nos vamos a indagar sobre los datos duros, como por ejemplo los declarados por la OCDE, podríamos desalentarnos aún más, pero hoy lo más importante no es eso, sino las acciones para revertirlos y hacer de estas habilidades el sustento de un desarrollo integral exitoso.
Los estudios en el ámbito de la neurociencia han aportado evidencias científicas significativas sobre cómo el fomento de la lectura a temprana edad impacta positivamente en el desarrollo cerebral de los niños. La plasticidad neuronal durante los primeros años de vida nos da la oportunidad de incrementar la cantidad de conexiones neuronales, a través de acciones que debieran ser parte del día a día en la interacción con nuestros hijos.
Es por lo anterior, que resulta vital exponer a los bebés desde los primeros días de vida a experiencias de conexión por medio de la narración de cuentos, relatos de lo cotidiano, canciones, diálogos directos, conversaciones dirigidas a terceros, incorporándolos a ellos, o mostrándole ilustraciones de libros adecuados para su edad en formato de textura, tamaño e imágenes. Si bien no entienden el contenido, la entonación, el ritmo, el contacto visual y afectivo estimulan su cerebro, favoreciendo su desarrollo activa y sanamente. A medida que pasan los meses, estas rutinas irán generando en el niño la expectativa diaria de “leer”, buscando la conexión con sus cuidadores y otros niños a través de los libros.
Para que estas rutinas lleguen al hábito es crucial contar con un entorno propicio y atractivo. El fomento de la lectura pasa también por el bienestar que genera un lugar cómodo, lúdico, silencioso y acogedor. Un librero a la altura de los niños y bebés que ya empiezan a caminar, cojines o asientos adecuados para su estatura, y por sobre todo acompañarlos. El vínculo social, la interacción interesada en ellos, en el relato y el diálogo, les permitirá abrirse a un momento de conexión interior que es mucho más potente y significativo de lo que imaginamos en cuanto al desarrollo de habilidades y competencias futuras. Esta compañía la pueden hacer tanto los cuidadores como los hermanos mayores, sin embargo la presencia de los padres como figuras de vínculo afectivo y apego es fundamental. Referentes absolutos, capaces de transmitir seguridad y confianza, son quienes pueden y deben hacer la diferencia. La responsabilidad de la crianza va más allá de los cuidados fundamentales y acceso a recursos básicos. Sabido es, que aunque se tengan muchos recursos y se cuente con una red de apoyo sólida para los cuidados de los bebés y niños, una baja calidad del vínculo social afectivo con los padres, afecta negativamente el desarrollo del lenguaje y por ende también de otras habilidades sociales y emocionales.

Independiente de la edad, aunque los bebés y niños no estén leyendo lo que se les está mostrando, el solo hecho de observar a los padres, cuidadores y hermanos mayores leyendo o narrando historias, los calma, los conecta y les da el espacio para escuchar vocabulario nuevo, frases y oraciones estructuradas, lo que les permite ir organizando mentalmente la información. Cuando ya poseen un repertorio de palabras y frases que les permite interactuar, se incremente la curiosidad por conocer más y comienzan a hacer preguntas, más aún, si en las rutinas, los padres y cuidadores ya las han incorporado. Es en este punto, cuando los padres deben tomar la oportunidad de enriquecer los momentos compartidos y dejar que los niños también guíen los diálogos y conversaciones. De seguro más de una sorpresa se llevarán los adultos con las intervenciones de estos niños empapados por la creatividad e ingenio.
Otro misterio que nos ha revelado la neurociencia es cómo de manera consciente se pueden activar las neuronas espejo en el cerebro de los bebés y niños, para llevarlos a través de la imitación a conductas positivas y hábitos saludables en todo ámbito. En cuanto al fomento lector, claro está entonces, que no solo deben ver a los padres leer cuando lo están haciendo con ellos, sino también por propio gusto. Si los padres leen a menudo en espacios que no son de formalidad del trabajo o frente al computador, sino que en los espacios de ocio y de compartir en familia, verán la lectura como una actividad cotidiana y como una alternativa de entretenimiento. Es decir, la lectura será una actividad tan placentera como otros pasatiempos y será de gran valor, si además en las conversaciones cotidianas se habla de lo que se está leyendo. De este modo, las lecturas escolares se podrán integrar, aunque no siempre sean del gusto del niño, pues habrá la instancia de poder manifestar porqué tal o cual lectura no ha sido tan entretenida o de interés, dando opiniones y razones, lo que los llevará a otro nivel: al cabo de unos años habremos sembrado la semilla para que florezcan los argumentos opacando a los berrinches y frustraciones por “tener” que leer algo para la escuela.
Si existe preocupación por el éxito académico de los niños y adolescentes, lo mencionado anteriormente es ya una buena base, si se logra un espacio dedicado a la lectura diariamente, pero no es lo único que se debe fomentar. El juego creativo, el deporte y el contacto con la naturaleza deben ser parte de las rutinas, dando espacios de equilibrio durante la semana a las actividades que requieren un mayor esfuerzo y concentración. Además hoy debemos considerar los efectos de la digitalización, los cuales no podemos desconocer ni demonizar, pues son parte de las herramientas y desafíos de las generaciones actuales y futuras. En su justa medida y con conocimiento cabal por parte de los padres, se podrá ejercer una influencia positiva en el acceso y uso a dispositivos y aplicaciones, antes de que el consumo indiscriminado de tecnología sea quien guíe los intereses, acciones, conductas y hábitos de tus hijos. Esto supone un rol de aprendices como adultos y al mismo tiempo de primeros educadores frente a la inmediatez, que es el mal más bien disfrazado frente a nuestra ligereza y el aburrimiento de nuestros niños y adolescentes.
Claro está que lo que se ha descrito en esta columna es materia de conocimiento de muchos y las sugerencias pueden ser obvias, sin embargo la misma inmediatez del quehacer diario nos pone un velo frente a los ojos y nos hace olvidar que tenemos unos cuantos “súper poderes” para este gran rescate.
Autora: Laura Victoria (@laura.victoria.autora)
Profesora y escritora
Mag. Dirección y Gestión Escolar de Calidad
Diplomado en Neurociencias aplicadas a la Educación